Cuando otros se cansaban; él, valiente, seguía.
Cuando otros tropezaban, él los levantaba.
Cuando otros se desanimaban, él era la inspiración.
Cuando otros renunciaban, él traía valor.
Cuando el camino parecía acabarse, él abría nuevos horizontes.
Cuando la batalla parecía perdida, él nos señalaba nuevos objetivos.
Por él, damos gracias al Señor.
Su fe en el Creador fue un ejemplo para nosotros.
Sus fuertes principios, sus propósitos y su cuidadosa planificación
forjaron nuestra confianza.
Sus llamamientos y su orientación
nos otorgaron una inquebrantable seguridad.
Su constante abnegación y su humanidad
no tuvieron límites.
Para sus amigos y camaradas,
el amor por su tierra y su gente fue una motivación.
Para sus enemigos y quienes lo criticaban,
su pensamiento lógico y decidido fue su peor pesadilla.
Estar frente a él
no dejaba a nadie indiferente o neutral.
Fue un simple granjero
que tuvo que construir un arca.
Fue el hijo del verdadero nacionalismo afrikáner.
Fue un hombre de Dios, de su pueblo y de su patria.
Fue un hijo del pueblo bóer
con una misión.
ALTYD ONS LEIER!
(Texto basado en el original en afrikáans: http://www.awb.co.za/index.php/leierskap/eugene-n-terre-blanche)

